Una vez estaba yo caminando por la calle, calladito y pensativo. ¿En qué pensaba? Bueno, es algo muy secreto pero ya que insistes en saberlo, puedo compartirlo contigo. O con usted. (Prefiero tutear).

Pensaba en las cosas raras que ocurren en la vida de uno. Pensaba en las personas que encuentro todos los días. Pensaba en las personas que había conocido y que hoy en día, ya no forman más parte de mi vida. Me quedé pensando en eso. Es tan raro que compartamos un periodo de nuestras vidas con personas que después seguirán su propio rumbo y que tal vez, ni las veamos más… No sé por qué me puse a pensar en eso… La verdad es que pienso demasiado. Pienso mucho. A veces creo que es un defecto. Uno cuando piensa mucho, deja de actuar. Se convierte en un sujeto pasivo ante el mundo, ante todas las posibilidades que el mundo se le ofrece. Intentaré pensar menos…

¿Por qué estoy diciéndote esas cosas? ¡Cuánta tontería! ¡Dejémonos de habladurías! Vamos a hablar en serio…

Lo que realmente importa en esta historia que estoy intentando empezar a contarte es que estaba caminando por la calle, cuando de repente surgió una mujer delante de mí vestida de rojo. Totalmente vestida de rojo. Aquello me chocó mucho. Ya te lo explico… Ya lo entenderás…

La ciudad estaba gris. Había muchas nubes en el cielo y los rascacielos parecían que se habían transformado en unos gigantes, ¿sabes? Me dio mucho miedo aquel día. Una tormenta se acercaba… Ya la podía sentir. El viento estaba fuerte y las nubes cada vez más negras. Lejos se escuchaba algunos truenos que se aproximaban a la ciudad. Las personas corrían, todas muy apuradas, pues sabían que una tormenta estaba por venir. Todos estaban grises. Vestían trajes negros y grises. Algunos llevaban algo marrón e incluso blanco, pero la mayoría vestía gris. Y por eso, me choqué cuando vi a una mujer vestida de color rojo. Aquello era una visión. Un gran contraste. Como un cuadro surrealista.

¿Que tiene que ver la mujer con la historia que te estoy contando? Bueno, si me dejas terminar, ya lo sabrás. ¡No me interrumpas más! ¿En qué iba? Ah, sí… ya lo recuerdo…

Esa mujer apareció, pasó por mí, me miró y me dijo lo siguiente:

– ¡Que Dios te bendiga!

Y después siguió caminando. Su actitud me sorprendió, haya visto que no me conocía… Pues que cuando miro hacia atrás a ver aquella mujer una vez más, ella había desaparecido. ¿Cómo podría ser aquello? ¡En menos de cinco segundos la mujer había desaparecido! ¿Sería ella un ángel? ¿Sería un delirio mío? ¿Habría bebido yo? No, no había bebido aquel día… ya me acuerdo… aquel día no había puesto ni siquiera una gota de alcohol en la boca. Entonces, ¿qué habría pasado? ¿Quién era aquella mujer de rojo?

Yo nunca fui místico. Ni religioso. Ni siquiera creo en Dios. ¿Por qué Él me bendeciría? Él no existe. Si existiese, no se preocuparía conmigo, un simple pintor que no tiene ni un duro para tomarse una cerveza…

Tal vez fuera un aviso. Para que yo creyera en Dios. No lo sé…

La verdad es que dejé de creer en Él cuando era pibe. Perdí a una novia en un accidente. El coche se chocó con un camión. Fue terrible. Pero eso ya hace mucho tiempo. Yo tenía 12 años. Hoy cumplo 55. Pero nunca olvidaré aquel día. El día en el que Él llevó a la chica que yo quería. Estoy seguro de que si ella estuviera viva, mi vida sería muy diferente…

– Perdona la interrumpción, pero ¿cuántos años tenía ella?

– 15.

– Humm… ¿Y… cómo estaba vestida ella el día del accidente?

– Pues no me… ¡Díos mío!

– ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Por qué tiemblas tanto?

– ¡Ahora me cae!  Ella estaba de rojo… ¡De rojo!